Cultura de España

La casa de las muertes

Salamanca

La Casa de las Muertes, la misteriosa vivienda salmantina en la que la leyenda se hizo realidad

El palacio señorial ubicado en pleno centro de la ciudad fue escenario de un crimen en el año 1851

Todas las ciudades tienen sus propias leyendas negras y Salamanca no es ninguna excepción. La más famosa, quizás, sea la de la Cueva de Salamanca, donde supuestamente daba clases el mismísimo diablo, pero hay otros lugares de la localidad cargados de misterios e historias oscuras. La Casa de las Muertes, ubicada en la calle Bordadores, es uno de ellos. Mucho se ha escrito en torno a la misma, «recogiendo tradiciones o interpretándolas a gusto de los escritores. De su lectura se desprende que fueron entresijadas con un confusionismo de citas que no respetaron la cronología ni las posibilidades de lo verosímil», escribe Julián Álvarez en su libro ‘La Casa de las Muertes. Leyendas e historia’.  

Independientemente de la verdad que haya tras las leyendas que salpican al edificio, estas siguen despertando el interés y la curiosidad de los salmantinos y visitantes de la ciudad, por lo que hemos recogido algunas de las más destacadas en las siguientes líneas, así como el asesinato real que se produjo en la Casa de las Muertes en 1851. Todo ello da un aura de misterio al edificio, al igual que las características calaveras que adornan su fachada de estilo plateresco. 

Según las ya citadas leyendas populares, las paredes de la Casa de las Muertes han sido testigos silenciosas de historias trágicas, como la protagonizada por don Diego, un hombre arrogante que tuvo escarceos amorosos con las principales damas de la ciudad y que se acabó enamorando de doña Mencía, salida de un convento de monjas recoletas. Después de la boda, cuando los deberes militares llamaban al marido, la mujer, según reza la leyenda escrita por Valero Martín y recogida posteriormente en el libro de Julián Álvarez, “buscaba cada tres noches la picante delicia del amor en diferentes tallas varoniles”.

Cuando don Diego se enteró, tomó la rápida decisión de matar a los tres amantes de doña Mencía mientras “se burlaba de lo que oía, dijo no creer lo que sonaba en público” para no levantar sospechas. Cayeron fácilmente en combate los dos primeros, mientras que el tercero, “duro y diestro en el reñir”, dejó malherido a su asaltante. Esa misma noche, la mujer acabó enterándose de todo en cuanto vio a su marido. Se arrodilló y pidió perdón y clemencia, pero don Diego, que estaba perdiendo mucha sangre, estaba decidido a matarla. Se precipitó sobre ella y la apretó furiosamente por el cuello. De esta forma, “agonizaron juntos los dos: de asfixia y de terror doña Mencía, y de pena y desangrándose don Diego”.  

Otra de las leyendas más famosas de la Casa de las Muertes es la narrada por licenciado Bolanegra, que relata una especie de ‘Romeo y Julieta’ a la salmantina: don Diego, de los Monroyes, se enamora de Elvira, del bando enemigo de los Manzanos. Su amor no era correspondido, por lo que planeó un rapto junto a dos bandidos, que aceptaron sus proposiciones a cambio de una crecida suma. “El golpe tendría lugar cierta noche que los hermanos de la joven estaban ausentes y ella quedaría sola, bajo el amparo de Altamirano, criado de la casa que en un primer momento se había dejado sobornar por Íñigo y Tello”. No obstante, “pesaroso de su traición”, acabó revelando los planes de los salteadores a su ama.

Llegada la noche del rapto, cuando comenzaron a escucharse ruidos en la planta baja de la casa, Elvira ciñó su frente con una corona de siemprevivas, estrechó un crucifijo entre sus manos, se cubrió el rostro con sus tocas y se tendió sobre la alfombra, fingiendo estar muerta.  Al verla, don Diego se postró a sus pies mientras que Íñigo y Tello, “tratando de hacer suyos los tesoros de la casa y conducidos por Altamirano, llegaron a una cueva abierta en la roca viva en la que doña Mencía de Asuero había encerrado los cadáveres de sus hijos decapitados por doña María la Brava”. La puerta de esa cueva, después de que la flanquearan los dos bandidos, se cerró para no abrirse más. Así vengó Altamirano “la injuria hecha a su señora”.

Licenciado Bocanegra acaba el relato diciendo que, dos siglos después, «se encontró en el convento de Arévalo el cadáver de un religioso que dicen era don Diego. […] Igualmente después de tres siglos y con motivo de una excavación al reedificar la casa, se hallaron en el hueco de cóncavos peñascos los esqueletos de Íñigo y Tello y cubiertos por ellos otros dos sin cabeza, que debáin ser de los Manzanos». 

«La leyenda algunas veces se hace realidad. Y fue realidad la muerte misteriosa en ella del único inquilino que la habitaba a mediados del pasado siglo, sin que jamás apareciera hundido en las sombras de la huida el matador. La leyenda puso mote a la Casa, y la historia lo confirmó», escribía Francisco Mendizábal en un artículo publicado en Blanco y Negro en 1933. 

Esa historia no es otra que la acontecida en 1851, año en el que la entonces propietaria de la Casa de las Muertes, María Lozano, fue asesinada. La mujer recibió el inmueble valorado en 30.000 reales tras el fallecimiento del doctor Guillén, para el que trabajó de ama de llaves. «Quizá su herencia despertó la codicia del asesino decidiendo su muerte tan a poco de entrar en el disfrute de sus bienes que casi no pudo contemplarlos», mantiene Julián Álvarez en su libro ‘La Casa de las Muertes. Leyendas e historia’. 

Nunca se supo ni la causa del crimen ni la identidad del asesino de la fiel ama de llaves del doctor Guillén, pero, a partir de ese momento, el inmueble pareció quedar maldito para los salmantinos. “Dos años después, la casa seguía abandonada, casi en ruinas, porque impresionados por la leyenda y realidad de la Casa nadie quería adquirirla”, relata igualmente Julián Álvarez. De hecho, en las diligencias judiciales para la subasta del edificio, después de que nadie reclamase su derecho a él, se hace constar la carencia de proposiciones “por el desgraciado acontecimiento del asesinato cometido en la persona de doña María Lozano”.

En 1877 volvió a ser habitada por Ramón García de Solís, al que le sucedieron otros dueños. A día de hoy, cualquiera puede ser parte de la historia de este palacio señorial ubicado en pleno centro de la ciudad de Salamanca, ya que lleva en venta desde 2019 por 3.053.000 euros. Rehabilitado en 1960 y declarado Bien de Interés Cultural en noviembre de 1983, cuenta con cuatro plantas de 190 metros cuadrados construidos, un patio ajardinado y una pequeña piscina. Detalles de lujo que no son suficientes para desligar la Casa de las Muertes de su leyenda negra y atraer a un posible comprador.(Salamanca24Horas)

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