Orígenes de Salamanca

Convento de las Agustinas e Iglesia de la Purísima

Salamanca

Convento de las Agustinas e Iglesia de la Purísima

La iglesia de la Purísima junto con el convento de las Agustinas forma un conjunto conventual de clausura situado en el centro histórico de la ciudad de Salamanca. Fue mandada construir en 1636 por de los Condes de Monterrey, don Manuel de Fonse­ca y Zúñiga, virrey de Nápoles desde el año 1631 hasta 1637, y doña Leo­nor María de Guzmán, hermana del Conde-Duque de Olivares, para albergar a su hija, Inés Francisca de la Visitación, que fue priora del mismo. Las obras finalizaron en 1687. El Convento se sitúa frente al Palacio de Monterrey de Salamanca, residencia del mecenas. La Iglesia de la Purísima, parte pública del convento, fue pensada por el conde como capilla funeraria para sí y su familia.

La iglesia tiene planta de cruz latina, de una nave y con capillas a los lados. En la fachada de la iglesia llama la atención su pórtico, con 33 metros de longitud y tres cuerpos separados. Se da la circunstancia especial y casi única de que en esta iglesia se preparan primero los elementos decorativos, sobre todo el retablo de C. Fan­zago y La Purísima de José de Ribera, y después se proyecta y se realiza el espa­cio arquitectónico que los muestre.

Se consigue una extraordinaria conjunción estética entre los mármoles italianos y la piedra salmantina; entre los elementos decorativos y el espacio arquitectónico; entre la pintura, la escultura y la arquitectura. El resultado es un suave barroco muy napolitano, casi manierista en algunos detalles, más cercano al último renacimiento que al pleno barroco; con el austero complemento de la piedra franca de Villamayor. Todo esto, junto a la riqueza de los 16 lienzos que llenan de color grandes superficies, hace de esta iglesia un conjunto único en Salamanca, incluso en España. Las obras comenzaron en 1636 y duraron más de cien años

La fachada, es similar a otras que C. Fanzago había proyectado para iglesias y palacios napolitanos y se corresponde exactamente en estilo y divi­siones con el interior, dando así unidad y armonía a toda la obra.

La cúpula, levantada con nuevo diseño después de su derrumbamiento en 1657, es valiente y esbelta, llenando de luz, con sus ocho grandes venta­nales, todo el crucero.

En la iglesia destaca el retablo mayor. Por encargo del Conde comienza C. Fanzago su ejecución: tres calles con cinco huecos para los lienzos y un remate central con vano incluido. Es un precioso trabajo de incrustración, con mármoles blancos de Carrara, rojos de Verona, amarillos de Siena, negros de Bélgica, verdes de Calabria… hasta conseguir un resultado pleno de belleza, armonía y color. Con esta misma técnica realiza C. Fanzago las bancadas colocadas actualmente en los laterales del presbiterio; eran la base para una reja que cerraría el presbiterio y que nunca se colocó. También es obra suya el taber­náculo, de bronce, lapislázuli, ópalo y jaspe; así como el resto de comple­mentos, retablos del crucero, marcos de mármol para los lienzos, púlpito, escudo de la casa de Monterrey, etc …, diseñados y cortados en Nápoles y montados en Salamanca. Cuatro estatuas -María Magdalena, Virgen María, San Juan y Santia­go- rematan el retablo a los pies del Crucificado. Es un precioso Calvario, en mármol de Carrara, obra de C. Fanzago. Los siete grandes lienzos, buena muestra de la pintura napolitanana del XVII, le dan al frontal la alegría del color y una especial belleza.

En el centro destaca el cuadro La Purísima, obra de José de Ribera. Este lienzo es desde el principio razón y eje en la construcción de la iglesia y desde entonces constituye el centro al que se dirige inevitablemente la mirada yla admiración del que lo contempla. Representa a la Inmaculada Virgen María, en un momento de grandes controversias en la Iglesia sobre la concepción sin pecado de la Virgen María como testifica la inscripción del lateral derecho del presbiterio. Dios Padre y el Espíritu aparecen sobre ella rodeados de ángeles, la Virgen María se levanta sobre la tierra acompañada de un coro de ángeles que presentan algunas de las invocaciones y signos marianos, a sus pies la luna y sobre su cabeza la corona de doce estrellas, como presenta a la Mujer el Libro del Apocalipsis. Todo el cuadro, la com­posición, el color, los símbolos, el movimiento de las formas, las líneas de fuerza, la distribución de masas de color y de figuras… hacen de esta obra una de las cumbres de la pintura mariana.

Distribuidas por la iglesia hay otras pinturas. De José de Ribera son las de San Jenaro y San Agustín. A Giovanni Lanfranco corresponden los lienzos de San Nicolás de Tolentino y la Anunciación. La Virgen del Rosario es de Massimo Stanzione y la Crucifixión de Francesco Bassano. En cuanto a las estatuas orantes de los condes situadas en sendos nichos a ambos lados de la capilla mayor son obra de Giuliano Finelli.(Asturnatura.com)

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